Clásicos que trascienden el tiempo, los videojuegos catalogados como retro han experimentado un renacimiento en la última década, atrayendo a los que los disfrutamos en su época, pero también a una nueva generación de entusiastas y coleccionistas. En un mundo digitalizado y en constante evolución, la conservación de estos tesoros analógicos y digitales que abarca desde cartuchos hasta discos magnéticos y ópticos, ha adquirido una importancia creciente. La nostalgia por las experiencias de juego de la infancia, la búsqueda de inversiones a futuro o simplemente el amor por la historia del medio, son solo algunas de las motivaciones que impulsan a decenas de entusiastas a embarcarse en la creación de colecciones de videojuegos clásicos. En este post, abordaremos todas aquellas cuestiones que deben tenerse en cuenta al conservar videojuegos retro.
El valor patrimonial de los videojuegos clásicos
En los últimos años, los videojuegos clásicos han adquirido el estatus de obras de arte cultural en países como Estados Unidos o España. En Estados Unidos, la aceptación de los videojuegos como formas de expresión artística se consolidó en 2011, cuando la Corte Suprema dictaminó que quedaban protegidos por la Primera Enmienda de la Constitución. En España, el Congreso (España, 2009) reconoció en 2009 a la industria de los videojuegos como una industrial cultural equivalente al cine, la música o las artes plásticas. Más tarde, el 22 de marzo de 2022, la Comisión de Cultural del Congreso aprobó la reforma del depósito legal que regula el proceso de inclusión de estas creaciones en los fondos de la Biblioteca Nacional, requiriendo la conservación de estas obras (España, 2022). En este caso, a pesar de formar parte de los documentos audiovisuales que se contemplaban ya en el depósito legal desde hace décadas, no estaban «ingresando en las cantidades que el mercado de estos productos representa», por lo que la última reforma de esta ley incluyó «su identificación invididualizada y mención expresa» (Ley 8/2022, artículo único, dos, n). Esto incluye tanto videojuegos en soportes tangibles, como videojuegos exclusivamente digitales. De esta manera, se reconoce al medio, pero, sobre todo, se asegura su conservación y accesibilidad para las generaciones futuras. Un hito que no está exento de retos por lo que implica la preservación digital de los videojuegos como un material extremadamente complejo, tanto en sus formas analógicas, como digitales.
A modo de ejemplo, en el siguiente enlace se puede consultar el registro bibliográfico del vídeojuego Bugaboo (The Flea), más conocido como La pulga, desarrollado por Indescomp y con programación y gráficos de Paco Portalo y Paco Súarez, considerado como el primer videojuego español lanzado con distribución comercial y una de las obras pioneras de la industria del videojuego en España, en el contexto de la llamada «Edad de Oro del software español», que se desarrolló entre 1983 y principios de los años noventa (BNE, 2003).
Conservar los soportes físicos, el principal reto para la conservación de los videojuegos retro
Si algo caracteriza una colección de videojuegos retro es la presencia de títulos en una importante cantidad de soportes y formatos diferentes, cada uno de ellos producidos con diferentes materiales y tecnologías. Esto implica que no existe un estándar único que sirva perfectamente para todos estos títulos, sino que cada soporte y formato presenta unas necesidades específicas (IFLA, 2019). Por otro lado, también es importante tener en cuenta que, a nivel doméstico, los requisitos que se recogen a continuación, como resultado de la recopilación de buenas prácticas procedentes de la literatura científica y el sector profesional, difícilmente se podrán alcanzar. No obstante, pueden servir de guía para conocer mejor lo que se tiene entre manos, así como para intentar adaptar esos valores a las posibilidades particulares de cada individuo.
En primer lugar, caractericemos los soportes y formatos de los que estamos hablando:
Tabla 1. Soportes tradicionalmente presentes en una colección de videojuegos
Soporte
Materiales
Elementos adicionales (no siempre disponibles)
Cinta de casete
Cintas magnéticas basadas en óxido férrico, dióxido de cromo u otros materiales.
Caja de plástico y carátula de papel.
Disco magnético
Discos magnéticos recubiertos con óxido de hierro.
Caja de plástico y carátula de papel.
HuCard
Base de plástico, circuito integrado con una memoria ROM y una interfaz de 32, 38, etc., pines.
Caja de Polipropileno, carátula de papel y manual de instrucciones.
Cartucho ROM
Carcasa de plástico tipo ABS o similar (Acrilonitrilo Butadieno Estireno) o similar; circuito impreso (PCB) con conector borde de número variable de pines (60, 72, etc., pines); memoria no volátil de datos en forma de ROM enmascarada; en otros casos EPROM / EEPROM o variantes según la época o frabricante. En algunos casos montan chips específicos y pilas de litio. Componentes pasivos (resistencias, condensadores…).
Caja de cartón o de polipropileno, carátula de papel y manual de instrucciones.
Cartucho flash ROM
Carcasa de plástico tipo ABS (Acrilonitrilo Butadieno Estireno) o similar; circuito impreso (PCB) con conector borde de varios pines. Memoria flash no volátil (NOR/NAND según diseño). Componentes pasivos como reguladores de voltaje, osciladores…
Caja de Polipropileno, carátula de papel y manual de instrucciones.
CD-ROM, CD-i
Disco óptico de policarbonato.
Caja de poliestireno y polipropileno, carátula de papel y manual de instrucciones.
DVD y Blu-ray
Disco óptico de policarbonato.
Caja de Polipropileno, carátula de papel y manual de instrucciones.
Detalle del lector y disco magnético del Famicom Disk System. Fuente: Eurogamer.
Además, una colección podría también contar con los siguientes materiales:
Revistas y libros.
Cartelería y pósteres.
Figuras de plástico.
Entre otros.
Los soportes magnéticos aunque son muy duraderos son los que más se desgastan con el uso al haber contacto físico entre la pista magnética y las cabezas de lectura. Es decir, cuanto más los usas, más se degradan.
Los cartuchos, en general, presentan una buena resistencia al uso porque la lectura no implica rozamiento directo sobre una pista como en los soportes magnéticos. No obstante, su conservación depende del estado de los materiales plásticos, de los contactos metálicos y de los componentes electrónicos internos. El principal riesgo no suele venir del uso continuado en sí, sino de la suciedad, la oxidación o corrosión de los contactos, los golpes, la electricidad estática, las variaciones de temperatura y humedad, y el envejecimiento de determinados componentes (por ejemplo, condensadores o pilas de litio en cartuchos con memoria de guardado). En los cartuchos modernos basados en memoria flash, además, la retención de datos puede verse afectada por el envejecimiento de la memoria y las condiciones de almacenamiento, aunque en condiciones normales su durabilidad suele ser elevada.
Los soportes ópticos son vulnerables a la acción de la luz, humedad, variaciones en la temperatura, abrasión, envejecimiento natural de la capa de aluminio, o la manipulación excesiva o inadecuada (Canadian Conservation Institute, 2020). En general, los fabricantes informan de una vida útil de 10 años por las características de los materiales utilizados –aunque se han demostrado mucho más duraderos– (Canadian Conservation Institute, 2020), entre los cuales la capa de policarbonato en la que se almacenan los datos. A diferencia de los soportes magnéticos, como para su lectura se utiliza un haz de luz, el desgaste físico no es un problema, sino que depende completamente de la calidad del material de fabricación y las condiciones de almacenamiento.
Temperatura y humedad relativa
La temperatura y la humedad relativa son los dos valores más importantes que tener en cuenta en la conservación de cualquier objeto patrimonial. Libros y revistas en papel, pergaminos, discos ópticos, discos magnéticos, entre otros muchos soportes, se conservan desde hace décadas en bibliotecas, archivos y museos y, por tanto, se trata de valores conocidos por los profesionales del sector y recogidos en numerosos documentos y directrices técnicas, aunque sin un consenso absoluto por lo que respecta a un valor exacto.
Un aspecto importante que tener en cuenta es que es tan importante o más, garantizar una temperatura y humedad adecuada, como asegurar unos valores constantes. Es decir, puede resultar preferible, tener los originales bajo unas condiciones de temperatura y humedad algo por encima de las idóneas, pero asegurando que, en ningún caso, se producen grandes fluctuaciones en cortos periodos de tiempo. La tabla 2, recoge un intervalo con los valores recomendados para cada soporte.
Tabla 2. Temperatura y humedad relativa ideal según el soporte
Soporte
Temperatura
Humedad relativa
Cinta de casete
5ºC – 12ºC (10-18)
30 – 45%
Disco magnético y magnético-óptico
10ºC – 14ºC
40 – 50%
HuCard
16ºC – 20ºC
30 – 50%
Cartucho ROM
16ºC – 20ºC
30 – 50%
Cartucho flash ROM
16ºC – 20ºC
30 – 50%
Discos ópticos
16ºC – 20ºC
40 – 50%
Cartón y papel
18ºC
30 – 45%
Las temperaturas superiores a los 21ºC y una humedad relativa superior al 55-60% fomentan la aparición de microorganismos e insectos. Concretamente, se considera que sobre el 70% de humedad es muy probable que se produzca un ataque biológico incluso con temperaturas bajas. Por otro lado, una humedad relativa elevada además aumenta la formación de ácido y si es sostenida puede provocar que los adhesivos se reblandezcan y pierdan poder de adhesión. Por el contrario, si la humedad relativa es inferior al 30% el papel y el cartón pueden volverse quebradizos (friables) y los adhesivos también acabar desprendiéndose.
Si la temperatura sube por encima de los 20ºC es necesario que los niveles de humedad relativa no aumenten o disminuyan por encima de los niveles aceptables. Una humedad relativa del 55-65% minimiza el daño mecánico al garantizar la flexibilidad de los materiales.
Mantener una temperatura y humedad relativa estables a lo largo de todo el año resulta complicado incluso para instituciones con depósitos adaptados, no obstante, como hemos comentado, mantener valores cercanos a los 21ºC como máximo y una humedad relativa del 30-50% serían las recomendaciones habituales si mantenemos todos los materiales juntos.
Luz
En estanterías y áreas de almacenamiento se considera aceptable un nivel de entre 50 y 200 lux. No obstante, esto implica excluir toda luz natural y utilizar únicamente iluminación artificial, preferiblemente de tipo LED. En cualquier caso, deben evitarse las fuentes de luz solar directa, la cual puede provocar el desvanecimiento acelerado de los colores por el efecto de los rayos ultravioleta (el conocido sunfade), incrementar la fragilidad del papel o deformar los discos. Cuando un disco se deforma puede volverse ilegible o, incluso, rayarse al reproducirse.
De izquierda a derecha, diferentes grados de decoloración por el sol en cajas de Super strike eagle de Super Famicom. Fuente: https://www.neogeo-players.com
Almacenamiento y limpieza
En la habitación debería circular el aire, incluso entre las cajas y materiales, por lo que apelotonar la colección no es una buena idea. También conviene no apilar los materiales para evitar deformaciones o daños físicos inducidos por su peso. Si es posible se debe optar por estanterías metálicas, ya que son inmunes a las plagas (térmicas, carcoma…) y mucho más resistentes a la humedad. Otras recomendaciones prácticas son procurar no instalar estanterías en paredes exteriores y separarlas entre 5 y 10 centímetros de la pared.
En el mercado existen diferentes opciones a nivel de fundas fabricadas con distintos materiales: polipropileno, PET (Tereftalato de polietileno), acrílicos… Es importante tener en cuenta que si bien todas estas opciones pueden ser de utilidad para proteger las cajas de arañazos y rozaduras, no siempre están fabricadas con materiales óptimos para la conservación a largo plazo.
En los últimos años, varios fabricantes de fundas PET para cajas de videojuegos se han popularizado entre coleccionistas y algunos incluso las comercializan como productos de «calidad de archivo» o libres de ácido. Sin embargo, conviene distinguir entre el lenguaje comercial y los criterios reales de preservación. Para una conservación a largo plazo, lo más recomendable es optar por materiales estables como el PET o poliéster, siempre libres de PVC, plastificantes y otros aditivos problemáticos, en línea con las recomendaciones generales sobre materiales de preservación de instituciones como la Library of Congress. Marcas del ámbito coleccionista como RetroProtection o Kollector Protector ofrecen opciones interesantes , pero en piezas especialmente valiosas o delicadas puede ser preferible recurrir a proveedores especializados en materiales archivísticos.
Detalle de una funda PET de calidad de archivo, libre de ácido, plomo y ftalatos (según el vendedor) comercializada por RetroProtection.com
Para evitar la acumulación de humedad, es importante asegurarse de que los juegos están secos antes de guardarlos en fundas o cajas. Esta medida es especialmente importante en el caso de las fundas o cajas de metacrilato selladas ya que, a diferencia de otras fundas, una vez cerrado, no circulará el aire. En cualquier caso, si no se puede asegurar el control de la humedad relativa o se van a producir fluctuaciones a lo largo del año, lo más adecuado es no envolver los ítems en ningún tipo de plástico hermético. En conservación a largo plazo, suele ser preferible una protección que minimice el roce, pero permita cierta ventilación, salvo que el encapsulado responda a una estrategia de preservación controlada.
La limpieza de soportes ópticos sólo debe realizarse cuando sea estrictamente necesaria. Preferentemente, se utilizará aire comprimido y, si no basta, un paño de algodón impregnado con agua destilada aplicándolo desde el borde externo al centro del disco. Siempre se evitará el uso de solventes volátiles como el alcohol, acetona o tricloroetileno.
Otras cuestiones que tener en cuenta
Algunos juegos en cartucho cuentan con pilas de litio soldadas a los circuitos integrados para gestionar el guardado de las partidas. Si bien la vida útil de estas pilas es muy grande (entre 10 y 40 años según la pila), todas ellas deberán cambiarse en un momento u otro.
Algunos dispositivos, como la Game Gear, incorporan condensadores electrolíticos que envejecen mal y son una causa muy frecuente de fallos. Con el tiempo pueden secarse, perder capacidad, desviarse de sus valores nominales o incluso presentar fugas, lo que afecta al funcionamiento (audio, imagen, encendido) y puede dañar la placa. Este problema no es exclusivo de esta consola, aunque en este sistema es especialmente conocido.
Transformadores y fuentes de alimentación antiguos pueden deteriorarse y suministrar voltajes inestables, con riesgo para el hardware. En este sentido, conviene revisar su estado antes de conectar equipos antiguos. Esto es especialmente importante cuando se usan transformadores de corriente para conectar consolas japonesas que funcionan con voltajes de entrada inferiores.
Aunque popularmente se ha recurrido a soplar los cartuchos cuando no eran reconocidos por la consola, no es una práctica recomendable. En muchos casos daba la impresión de funcionar, pero el problema solía resolverse más por volver a insertar el cartucho (mejorando momentáneamente el contacto) que por el soplado en sí. Soplar introduce humedad (vapor de agua), sales y otras partículas procedentes de la saliva y del aliento sobre los contactos metálicos, lo que puede favorecer a medio y largo plazo la oxidación / corrosión y la acumulación de suciedad. Como alternativa, es preferible realizar una limpieza adecuada (cuando sea necesario) con métodos apropiados y sin abrasión.
Consideraciones finales
Debes ser consciente de que tu colección se irá deteriorando con los años. Cuídala como se merece, pero, sobre todo, disfrútala. Si quieres conservarla durante el mayor tiempo posible aplica las siguientes recomendaciones mínimas:
Evita las zonas más húmedas del hogar, así como las estancias que dan al exterior.
Evita la luz solar directa. Busca una habitación oscura, alejada de puntos húmedos e instala luces adecuadas.
En zonas con un clima muy húmedo, puedes instalar un deshumidificador. Un termómetro puede ayudarte a valorar este extremo, así como controlar los valores de temperatura y humedad a lo largo del año.
Para mantener mejor las baterías, realiza ciclos de carga completos varias veces al año.
Revisa la colección con una cierta frecuencia y asegúrate de que no hay ninguna plaga (pececillos de plata, etc.).
Referencias
BNE (2003). La pulga. https://www.bne.es/es/colecciones/videojuegos/pulga
Conn, Donia (2006). 2.4 Protection from Light Damage. En NEDCC Preservation leaflets. https://www.nedcc.org/free-resources/preservation-leaflets/2.-the-environment/2.4-protection-from-light-damage
España (2009). Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Año 2009 IX legislatura, 235, cultura. https://www.congreso.es/public_oficiales/L9/CONG/DS/CO/CO_235.PDF
España (2022). Ley 8/2022, de 4 de mayo, por la que se modifica la Ley 23/2011, de 29 de julio, de depósito legal. BOE, 107 de 5 de mayo de 2022, 62483–62492. https://www.boe.es/eli/es/l/2022/05/04/8
Canadian Conservation Institute (2020). Electronic media collections care for small museums and archives. Government of Canada. https://www.canada.ca/en/conservation-institute/services/care-objects/electronic-media/electronic-media-collections-small-museums-archives.html
IFLA (2019). How to apply efficient preventive conservation strategies in your climate. En Preservation and conservation (PAC) programme: frequently asked questions. https://www.ifla.org/wp-content/uploads/2019/05/assets/pac/Documents/faq_effective_preventive_conservation_qatar.pdf
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